sábado, 29 de marzo de 2014

◆INTRODUCCIÓN◆

-¿Ya? ¿Ya es por la mañana? -susurré aún con los párpados cerrados.

Un rayo de luz atravesaba las cortinas de mi ventana, obligándome a abrir los ojos y asomarme por ella . Luego alcé la mirada para clavarla en el despertador.

-Las 7... ¡Cuánto te he echado de menos, instituto! -ironicé.

A duras penas, me levanté de la cama y me dirigí al baño para darme una ducha. Otra vez de vuelta al internado. Durante el verano permanece cerrado, así que las arañas ya se habrían apoderado de aquel viejo edificio. Por otra parte, me alegraba volver a ver a mis amigos del año pasado.

-¿Has acabado de recoger tu ropa, Nathalie? -una voz femenina me hablaba detrás de la puerta del baño.

-¡Dame dos minutos! -grité a mi madre mientras me enjabonaba el pelo.

-¡Date prisa! -dijo imitando mi voz y se fue riendo.

Al salir hacia mi habitación tapada únicamente con una toalla, recordé mi vida en el internado hacía un año.

*FLASHBACK*
-Te echaremos de menos, Nat. -lágrimas y más lágrimas cayeron por las mejillas de Megan, pero ella no borraba su gran sonrisa de la cara.

-Venga, que sólo son tres meses, no te vengas abajo. -intenté animarla abrazándola, pero no pude evitar llorar ante esa despedida, no fue fácil decirle "adiós" a mi mejor amiga.

-Vale. -sonrió y respiró hondo. 

Luego me limité a mirar hacia Andy, con una sonrisa pícara, que al parecer disfrutaba al verme abandonar el colegio, aunque fuera sólo por vacaciones de verano. 
*FIN DE FLASHBACK*

Bajé con cuidado la maleta por las escaleras, intentando no chocar con Pat, pero esta vez no estaba a mi alrededor mordisqueando mis zapatillas, no. Estaba ladrando a la puerta. Pero si nadie llamó a la puerta... ¿no? Dejé la maleta en el suelo y articulé los dedos como signo de que su gran peso me cortaron la circulación de estos. 

Caminé despacio hacia la puerta, como hacen las víctimas de las películas de miedo antes de ser asesinadas, y al pensar en ello un escalofrío recorrió mi cuerpo. Por la mirilla no se veía a nadie, así que abrí. Resultó ser el perro del vecino, al que le gustaba jugar con Pat.

Dejé la puerta abierta y di libertad a aquellas dos mascotas para divertirse en el césped, y salí yo también para supervisar. Pero algo me paró. Una música procedente del jardín vecino.

-Creí ser la única guitarrista del barrio... -susurré y me acerqué a la valla de madera de la izquierda.

Que bien tocaba, era... no se puede describir con palabras. Sentía cada nota,  el sonido de cada cuerda resonar, cada acorde improvisado, cada trasteo por el mástil...

Intenté asomarme, me puse de puntillas debido a la gran altura de la valla, pero no conseguí ver al autor de tan bello arte.

-¡Vamos, Nathie! -mi padre cargaba las maletas de mis hermanos en el coche y la mía en la baca, como soy la mayor...

-¡Voy! -grité, pero no tardé en taparme la boca, había interrumpido la música del vecino. Avergonzada, me fui corriendo hacia el coche.

[…]

Nos esperaba un viaje de una hora y media en avión, a 527 km de casa se encontraba aquel internado. ¿Que por qué un internado? Porque mis, bueno, nuestros padres se pasaban la vida viajando en el jet de la empresa médica dando vueltas al mundo, promocionando sus productos de casa en casa, cual comercial de aspiradoras. Pero es mejor no pensar en eso.

En esos momentos sólo decidí centrarme en la música de mi IPod. 

"Radioactive", de Imagine Dragons, inundó mis pensamientos hasta hacerme cerrar los ojos y quedarme dormida sobre aquel asiento del avión.