Los enormes altavoces del aeropuerto lograron despertarme. No conseguí abrir bien los ojos, la luz solar procedentes del gran ventanal dañaba mi vista y me limité a descubrir quién me estaba llevando en el regazo.
-¡Jason! -grité al verle el rostro.
-Anda, mira quién se ha despertado... -le dijo a mis padres sonriente y me dejó en el suelo con cuidado.
-¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en la universidad? -me crucé de brazos.
-Oye, que sólo soy unos años mayor que tú, también merezco unas vacaciones.
-¡Venga, abraza a tu hermana! -me lancé eufórica a sus brazos. Después de 6 meses sin verle, por fin lo pude abrazar. Cómo lo he echado de menos... -Nos acompañas al internado, ¿no?
-Lo siento, peque. Me voy una semanita con Vanessa a la costa. -Se estaba quedando conmigo... ¿Ya se iba?
-¿Y cuándo vuelves? ¿Puedes pasarte por el... -no me dejó acabar.
-Al acabar las vacaciones, ya volvemos directamente a la universidad. Sabes que mi sueño siempre ha sido diseñar edificios, la arquitectura... -dejé de escucharlo. Era cierto, pero también tiene una hermana, es decir, tres, pero yo deseaba con todo mi corazón pasar un rato con él. A los pequeñajos estes les importaba un bledo, lo único que querían era llegar al colegio y jugar con sus amigos.
Ah, casi se me olvida. El internado está dividido en dos partes simétricas, una para preescolar y primaria y otra para secundaria y bachillerato.
[…]
-Por fin hemos llegado... -pensé, observando la antigua fachada de aquel viejo edificio.
Habíamos llegado demasiado pronto, las grandes puertas metálicas de la entrada aún no se habían abierto, así que nos vimos en la obligación de estacionar el coche fuera del recinto. Yo me quedé mirando fijamente hacia una ventana. Estaba cerrada, ¿por qué se movía la cortina escarlata de la derecha? Era imposible que alguien entrara antes de la apertura, o se quedara ahí los tres meses. Y otra vez se movió.
-¿Qué está pasando aquí? -me susurré.
-¿Qué? -por desgracia, mi padre me oyó.
-No, nada, sólo que... nada. -concluí todavía con la mirada fija en la ventana. La cortina ya no se movía. Que extraño.
Poco a poco, docenas de coches comenzaron a llegar y a estacionarlos al igual que el nuestro, esperando la llegada del director con la jefa de estudios. Sí, estaban casados, y fue "raro" que justo después de esa boda a la mujer la nombraran con ese cargo. Enchufada...
Veinte largos e interminables minutos después, un Toyota grisáceo se acercó a la verja, un señor vestido con una larga gabardina castaña introdujo la llave maestra en la cerradura y abrió el portal de par en par para dejar vía libre a los vehículos familiares del alumnado.
Tocaba pasear con las maletas por los pasillos femeninos hasta...
-Habitación 527, aquí es. -me dije a mí misma. La puerta estaba entreabierta, supuse que Megan ya había entrado, así que me asomé sigilosa por la puerta para darle un susto. Pero no era Megan. ¿Que hacía este aquí? ¿Molestar?
-¡Tú! Fuera de mi habitación. -Se veía a Andy tumbado en mi cama jugando al Flappy Birds. Giró ligeramente la cabeza para mirarme y volvió a centrarse en el juego. -¿Es que eres sordo? Que este es mi cuarto, lárgate.
-¿Y si no quiero? -me echó una mirada desafiante, a la que yo respondí con una sonrisa falsa.
-Pues encerrado te quedas. -Corrí hacia la puerta y la cerré con llave.
-¡Oye! ¡Ábreme! -gritaba dando puñetazos contra la puerta.
-¡A la noche vuelvo, a ver si aprendes a no molestarme! -contesté echando una carcajada y me fui con las maletas a la sala. Por el pasillo resonaban los golpes que este ejecutaba contra la puerta, seguramente, en vano. No se le veía capaz de tirar abajo una puerta de roble macizo.
El camino hacia la sala estaba vacío, incluso daba miedo, literalmente: una sombra con forma humana cruzó el pasillo de enfrente, e hizo detenerme.
-¿Qué coño...? -susurré. -¿Ho... hola? ¿Hay alguien? -repetí varias veces, pero ninguna voz respondió, excepto la cabreada de Andy, que decía "Sí, estoy yo, ¡encerrado en tu habitación! ¡Abre de una puta vez!"
Ni caso.
Esperé unos minutos y continué mi camino hacia el gran salón, esta vez a más velocidad, básicamente porque estaba acojonada.
Por fin vi a todos mis compañeros, busqué con la mirada a Megan, pero no la ví.
-¡Aaahh! -gritó ella al verme y luego yo. Al final me pegó ella el susto. -¡Nat, te he echado de menos! -se colgó a mí cual koala a una rama y no me soltó hasta dejarme sin respiración.
-Y yo, y yo. Oye, ¿hay profe nuevo? ¿O limpiadora nueva? ¿Alguien nuevo? -la cuestioné bajando la voz, como si no quisiera que me escucharan.
-Que yo sepa, no, ¿por? -imitó mi tono de voz.
-No, por nada. -mentí. No quise preocuparla.
-Voy a dejar mis cosas a la habitación. ¿Vienes? -asentí y la seguí por el pasillo que cada vez se llenaba más y más. Abrió la puerta sin utilizar la llave. -¿Ya has venido?
La ignoré y entré en el cuarto. ¿Y Andy? ¿Se había ido? ¿Sin utilizar una llave? Que extraño.
-Eh, chicas, ¿habéis visto salir a Andy de esta habitación? -pregunté al grupo femenino colocado al lado de mi puerta.
-Cuando llegamos, sólo vimos una sombra humana alejarse, la puerta ya estaba abierta. Pero era muy alto para ser Andy. -me respondió la pelirroja y continuó charlando con sus amigas.
-Es la de antes, es la... la sombra de antes... -me susurré. No habían sido imaginaciones mías.
Que extraño.